Ser capaces de volver a amar a quien, una vez conocido, tuvimos que despreciar, incluidos a nosotros mismos (Nietzsche). O sea, todos los humanos sin excepción.
Lo opuesto coincide, y de las cosas que difieren nace la más bella armonía, y todas las cosas llegan a ser según discordia (Heráclito).
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