Para quien sea capaz de llegar a aprobar o incluso a "amar" lo negativo de la realidad, no habrá ya nada, en sentido estricto, negativo. Lo negativo no volverá, o bien, para decirlo mejor, le habrá sido devuelto al Azar su inocencia, la que le habían robado los que se empeñan en envenenar la existencia.
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