El que nos muestra la crueldad de lo real, haciéndonos recordar así lo que todos sabemos a nuestro pesar, está mostrando sin duda su propia crueldad como parte de la realidad que es. Y eso sólo tiene valor si con ello se destruyen ilusiones absurdas y ya vacías de vida, porque sólo entonces se nos da la posibilidad de que de la consiguiente lucha de desolación y alegría vuelva a nacer otra ilusión mucho más consistente e intensa, como recién nacida que es.
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