Entre cerveza y cerveza un ganapán razonaba que, como él trabajaba todos los días, su sanidad no iba a ser la misma, no señor, que la sanidad de quien no quiere o no puede trabajar. (¡Nótese el salvajismo asesino del "o"!).
Lo que no sabemos es si lo suyo era natural o se lo había contagiado una de esas radios o televisiones que siembran el odio más cerril entre los débiles mentales.
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