Admiramos también al Partido Popular porque hace honor a su nombre. Ellos son después de todo la élite financiera, nobiliaria y cultural de nuestro país (ahí están Wert y su obra). Pero en sus usos, en sus sentires, sobre todo en su lenguaje, se delata una maravillosa continuidad con el pueblo llano, ese espléndido enraizamiento en lo más vivo y profundo de la realidad española inalienable. En Inglaterra, sin ir más lejos, habría una gran diferencia entre las palabras de la clase privilegiada, que estudia en Eton y en Oxford, y las de la clase trabajadora. Entre nosotros, sería indistinguible el discurso de una duquesa por todo lo alto del de un cabrero de Sierra Morena, acento aparte.
La palabra "mamandurria". Esperanza Aguirre ha dicho que como no nos dejemos de mamandurrias nos hundiremos.
A mí eso me recuerda aquellos tiempos de mi lejana juventud en que oí la misma palabreja, no creo confundirme. Iba yo haciendo turismo por el Madrid típico, atravesando las calles de Montera y Ballesta, cuando una de aquellas mujeres apoyadas en el quicio me dijo "¿No quieres que te haga una mamandurria barata, guapo?".
Lo que no sé es qué tendrá que ver eso de dejarse de mamandurrias, que para Esperanza Aguirre parece tan vital, con salir de la crisis económica. No me puedo imaginar qué tendrán que ver en esto Ana Botella y José María Aznar, por ejemplo, será cosa de los curas que siempre están pensando en lo mismo. Pero claro, yo no sé de economía. Mejor me callo.
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