La famosa razón es bastante ramera: siempre se las habría sabido arreglar, al final, para irse con cualquiera.
Hasta al más tonto, hasta al más canalla, le han asistido unas y otras razones para decir y hacer lo que hacían, todas sus estupideces y todos sus crímenes. Y todo el mundo las sabe encontrar tarde o temprano. Somos expertos en justificarnos.
Ocurre lo mismo en la discusión crítica de las razones respectivas, no es nada inusual llegar a un punto en que se hace preciso reconocer las razones parciales de cualquiera.
De modo que no es el racionalismo la solución de la tragedia sino su confirmación.
Bien, pueden encontrarse razones para todo, supongámoslo. Pero ¿qué facultad nuestra es menos ramera? ¿Es que no hay sentimientos para todo, voluntades para todo, intuiciones para todo...? ¿Desde qué instancia no-ramera decidimos qué es bueno y deseable? Realmente, lo que dices es misología, que surge, dice Platón, cuando uno ha convivido con discursos contrarios, en boca de los sofistas (es decir, de los intelectuales burgueses y antirracionalistas, como los que abundan en la burguesa modernidad: ¿qué filósofo moderno no se ha dedicado a señalar los claros límites de la razón?). Se cura razonando más. Cordiales saludos
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