martes, 13 de agosto de 2013
El filósofo
El esfuerzo que distingue y constituye al filósofo es nada menos que el de parirse a sí mismo o ser su propio hijo. Sin duda con la ayuda de excelentes comadrones que ya lo habrían logrado. Porque sólo después de darse a luz a sí mismo sería posible la persecución de la verdad que es el negocio del filósofo (está claro que si uno es heredero o hijo no será capaz de servir a la verdad sino a los intereses de su familia o estirpe). ¿Dónde quedan entonces los padres de carne y hueso, dónde quedan entonces conciudadanos y contemporáneos? En el mejor de los casos haciendo el papel de amigos del filósofo. Y en el peor como habitantes de otro planeta, o incluso encarnizados enemigos. Porque la mayoría de las personas en nuestros días nada quieren saber de la verdad y hasta se empeñan con todas sus fuerzas en negar que exista, porque la verdad atenta contra su comodidad y contra su pudor.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario