Cuando estás enfermo, y te duelen los muchos dolores en el cuerpo, entonces de verdad te conviertes en una buena persona, y ya iba siendo hora, cauto, reservado, considerado con el prójimo, humilde, sobre todo humilde, arrepentido de tus disparates de cuando no estabas enfermo y todavía sentías en tu pecho el golpear de la vida o la juventud. En suma, asqueado de toda aquella tu pasada hybris tan putrefacta, tu arrogancia, aquella tu insolencia ofensiva, aquel tu delirante orgullo inclinado a la violencia.
Cuando estás enfermo por fin entras en razón y sientas la cabeza. Si te duele mucho, llegas incluso a comprender a los que agonizan en olor de santidad, renegados de la vida en el mundo, sin duda, porque es la manera fácil de abandonarla, como renegados.
La enfermedad y el dolor, a la vez, cauterizan tus pecados. Mientras la gente sana te observa sonriendo de pura burla. Los muy cabrones.
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