"La vecina que tú sabes, la muy, hace un tiempo se paseaba con un queso entero bajo el brazo, para restregarme y restregarnos lo bien que le iba con su marido y con su dinero y su vida. Menos mal que el mío me consolaba entonces, es un sabio, diciéndome que no me preocupara, que Dios pone al final todas las cosas y a todos en su sitio.
¡Y las ha puesto! El marido dejó a la vecina, y ahora está amargada, sin un duro, sin un queso que llevarse a la boca. Castigo de Dios"
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