Ese amor tan ocupado en adornar la realidad sólo es la reacción lógica al miedo que le tenemos a ver la realidad tal cual. Si de verdad se amara lo real no haría falta ninguna ponerle adornos, más aún, el que ama la realidad tiene que detestar que se la vayan a decorar. Quién es capaz de amar lo real y quién es capaz de amar son una y la misma pregunta.
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