miércoles, 21 de diciembre de 2011

La Justicia trágica (no moral)

Tenemos la confianza instintiva, inconsciente, religiosa, de que nuestras desgracias serán recompensadas tarde o temprano por el Destino, de que el sufrimiento tiene por tanto sentido. De ahí nuestra sorpresa mayúscula, y nuestra desesperación, cuando comprobamos que justamente esto es lo que no ocurre jamás. Por eso pintaban a Heráclito llorando, el "pobre" Heráclito. Pero que la esperanza quede defraudada sistemáticamente es lo que nos abre a lo trágico propiamente dicho, o sea, cuando el Destino está de verdad a la altura del hombre divino, y entonces no lloramos sino que reímos.

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