jueves, 15 de septiembre de 2011

El amigo Rosset

Que la alegría de vivir sea cosa de locos ("estar loco de contento"), es decir, algo en el fondo perfectamente irracional, no significaría sino que se halla por encima de cualquier posible razonamiento y de cualquier evidencia en su contra (tantísimos y tantísimas como de hecho hay y se pueden aducir).
Pero la corriente subterránea de la alegría debe ser bien cuidada y atendida para que no se seque, sobre todo porque hay quienes se habrán propuesto secarla, o matarte, pero tal vez sólo suceda que es el estilo de vida de algunos ejercer de papel secante, o van de vampiros. No hay que alarmarse porque la receta es muy simple: la alegría se cultiva frecuentando a los amigos. Y, tautológicamente, son amigos los capaces de compartirla, la alegría, de dársela recíprocamente, acrecentándola así. Pocos son, pero de todos los siglos.

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