Wert no es absolutamente nadie en el sentido del ser de Parménides, como todos pueden comprobar al escucharle o sobre todo al verle gesticular. Lo que es, lo verdaderamente real que se agita tras sus irrelevantes convulsiones es la lucha de clases.
Mucho peor, la destrucción definitiva de la clase trabajadora en lo que tenía de humano, o de libre.
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