jueves, 21 de junio de 2012

Estar solo de alguien

La soledad que duele y te destruye por completo es aquella soledad por causa de alguien, cuando tienes a alguien en el modo de la ausencia desoladora. Hay como sabemos otra soledad, buena o creadora, cuando de verdad no tienes a nadie, tampoco en el modo desolador de la ausencia. Es la que tenemos que defender a toda costa.

"HIMNO
La única forma perfecta del amor
es la soledad
(cuando ante la pútrida rosa de la infancia arrasada
no reconoce límites el odio)"
(José Ángel Valente)

Pero no sería el odio sin límites lo que nos hace no echar de menos a nadie, en la soledad como amor perfecto, sino el haber superado la necesidad de que la imagen de nosotros mismos nos la dé el otro.

"SÉ TÚ MI LÍMITE
Tu cuerpo puede
llenar mi vida,
como puede tu risa
volar el muro opaco
de la tristeza.
Una sola palabra tuya quiebra
la ciega soledad en mil pedazos.
Si tú acercas tu boca inagotable
hasta la mía bebo
sin cesar la raíz de mi propia existencia.
Pero tú ignoras cuánto
la cercanía de tu cuerpo
me hace vivir o cuánto
su distancia me aleja de mí mismo,
me reduce a la sombra.
Tú estás, ligera y encendida,
como una antorcha ardiente
en la mitad del mundo.
No te alejes jamás.
                            Los hondos movimientos
de tu naturaleza son
mi sola ley.
                  Retenme.
Sé tú mi límite.
Y yo la imagen
de mí, feliz, que tú me has dado."
(José Ángel Valente)

Soledad imposible de asumir: estar solo del otro cuerpo. Fingimos asumirla cuando no hay más remedio, y esta ficción se logra, máximamente tensa, por la fuerza del odio.

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